La intención importa, pero ambas pueden perjudicar la toma de decisiones y la confianza cívica.
La información errónea es falsa, pero no necesariamente intencionada; la desinformación es deliberadamente engañosa. La trampa del examen: a menudo se presenta una situación en la que quien comparte la información cree que es verdadera; eso es información errónea, no desinformación.