Un buen patrón podría incluir la fecha, el proyecto, el tipo de contenido, la versión y el responsable.
Un nombre de archivo útil es coherente, descriptivo y ordenable, e indica la versión sin recurrir a fórmulas ambiguas como «final-final»; la trampa del examen consiste en elegir un nombre que parece útil, pero altera la ordenación o carece de un indicador de versión.